jueves, 17 de marzo de 2011

coementario nº 4

¿TIENES LENGUA VIPERINA?
Florinda Salinas
La habilidad humana para hablar, según los antropólogos, surgió hace dos millones
de años, así que la lengua viperina cuenta con una sólida tradición. El despellejamiento es
un recurso fácil para los que carecen de conversación. J. A.. Marina repara en que
aprendemos a hablar de pequeños y ya no paramos en toda la vida. “Lo que decimos
siempre se parece a nosotros”, pensaba Borges. Si el cénit de tu conversación se sitúa entre
Mar Flores y Alexandro Lequio, si reservas tu coeficiente para largar sobre tu cuñada, la
mujer del jefe o la vecina de adosado, si de cinco palabras que pronuncias, cuatro están
teñidas de resentimiento y juicios sumarísimos, es fácil imaginarse cómo eres.
Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero es mentira. Las palabras anidan en
el corazón del que las pronuncia. Los malos sentimientos, la inquina, la prepotencia, la
envidia forman una malla densa, un atascon en nuestra personalidad difícil de deshollinar.
Vivimos en una extraña cultura en la que sólo prospera la espuma de las cosas, la
modelo que fue a la fiesta de la temporada, el interiorista que decoró una exposición, los
originalísimos canapés del estreno de teatro, la portada del Hola. Puedes triunfar en
sociedad si llevas la ropa del diseñador adecuado, en la fiesta perfecta y con el acompañante
de moda. En esa tesitura nadie espera de ti que recites a García Lorca, ni siquiera el “Verde
que te quiero verde”. Sólo tienes que hacer un par de declaraciones a un
Minutos. ¿Sobre qué? Ni tú, a ciencia cierta, lo sabes. Esto no es el imperio de lo efímero,
sino la dictadura de la estupidez.
“Un buen escritor –afirma García Márquez-, se reconoce más por lo que rompe que
por lo que publica”. Una persona legal se manifiesta más por sus silencios que por lo que
larga. ¿Quién es tu mejor amigo? El que sabe guardar una confidencia y la lanza
inmediatamente por el correo electrónico. Un hombre de una pieza tiene un callo en la
lengua de tanto mordérsela habitualmente. Sabe ocultar las debilidades de los demás, elude
los golpes bajos. No dirá por ahí que en la oficina te abandona el desodorante, que te dan
miedo los ascensores, que tu depresión ha salido publicada en The Lancet. Tu amiga del
alma no se ríe de tu tapicería cuando vas a la cocina por hielo, ni describe tu aspecto
cuando te pruebas en marzo el primer bañador, ni abre una página en Internet explicando
tus problemas con tu banco.
Ben Bradlee, ex director del Washington Post y maestro de periodistas dijo que
“detrás de toda información deficiente hay una formación deficiente”. Lo mismo: detrás de
una lengua viperina hay una senbilidad de esparto y un cerebro poroso. O sea, estropajo y
piedra pómez.

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